La Iglesia Católica y el bien común

La Iglesia Católica y el bien común

Basta recordar los diez mandamientos para darse cuenta de forma inequívoca, de que manera la Iglesia católica, de palabra y obra, defiende el bien común. Su doctrina es una receta para una sociedad civilizada, organizada, digna y respetuosa.
La defensa de la vida, los derechos humanos, la solidaridad, o la paz no son reivindicaciones inventadas por instituciones o colectivos modernos. La Iglesia lleva siglos defendiendo esas ideas. Las tablas de la Ley entregadas a Moisés y el nuevo mandamiento proclamado por Cristo, “amaos unos a otros como yo os he amado”, deberían ser la piedra angular sobre la que se apoyase la vida de cada persona. De este modo, el mundo sería un lugar mejor.

El bien común y el interés general

Bien común e interés general parecen lo mismo, pero no lo son. El bien común beneficia a la mayoría de los individuos, hombres o mujeres, pobres o ricos, jóvenes o viejos. El interés general busca otro tipo de beneficios, financieros, de consumo, riqueza o control de la población. Y, en demasiadas ocasiones, se llama “interés general” a los intereses de una minoría, una élite o una ideología que se ha puesto de moda, como es el caso de algunos “lobbys”.

Desde los medios de comunicación, influenciados por estos lobbys, se manipula con facilidad la opinión pública. Nos empapan a diario con ideas que asumimos sin plantearnos que finalidad persiguen o donde nos van a llevar. Lo razonable sería analizar las consecuencias a largo plazo, pero ello exige usar el cerebro para pensar y resulta muy incómodo.

Nos convertimos así en un rebaño domesticado, que en ocasiones avanza camino del matadero y no se da cuenta.

Lo que no sale en los medios, parece que no existe

Basta echar un vistazo a periódicos o telediarios. Dejando a un lado la política y el omnipresente fútbol, que eclipsa descarada y vergonzosamente al resto de deportes, nos fijaremos en aquello que tiene que ver con el 5º mandamiento: No matarás.

Homicidios y violencia de género escandalizan a la población como muestra de las atrocidades que el ser humano es capaz de cometer. Más todavía cuando en los sucesos se ven implicados niños, el eslabón más débil de la sociedad. Esto es sin duda una lacra condenable desde todos los puntos de vista.

Según los datos del INE, en España, durante 2016, homicidios y asesinatos se cobraron la vida de 1.019 personas.

Ahora bien, ¿son estas 1.019 personas los únicos que perdieron la vida a manos de otros en 2016?. Hay muchos más, pero apenas se habla de ellos en los medios.

Los otros, de los que solo los católicos se acuerdan

Apenas unos meses de diferencia en la vida de un ser humano, bastan para calificar su muerte como homicidio/asesinato o con el eufemismo de “aborto inducido” o “interrupción voluntaria del embarazo”. Pero en ambos casos, el resultado es el mismo, la muerte de un inocente. Que esté legalizado no significa que sea moralmente aceptable, o favorable para el bien común. Fueron 93.131 inocentes en 2016.

Como consecuencia de la desinformación, cuando la gente habla de aborto inducido, a menudo lo justifica haciendo referencia a malformaciones, riesgo para la vida de la madre, violación u otras situaciones en las que la gestante se encuentra con serios problemas que la llevan a tomar esa difícil decisión.

Pero las cifras nos muestran una cruda realidad muy distinta. Esos casos son minoritarios, tal y como muestra la siguiente tabla del INE:

Tabla 6

Distribución porcentual del número de abortos realizados según motivo de la interrupción. Total Nacional:

Año A petición de la mujer (%) Grave riesgo para vida o la salud de la embarazada (%) Riesgo de graves anomalías en el feto (%) Anomalías fetales incompatibles con la vida o enfermedad extremadamente grave e incurable (%) Varios motivos (%)
2016 89,67 6,38 3,61 0,34 0,00
2015 89,46 6,51 3,71 0,31 0,00
2014 88,90 7,15 3,61 0,32 0,01
2013 89,93 6,94 2,84 0,28 0,01
2012 91,34 5,62 2,76 0,27 0,01
2011 89,60 7,28 2,73 0,30 0,09

También es generalizada la idea de que se trata de una cuestión sobre todo de adolescentes, pero las menores de 19 años representan solamente el 10,5% de los abortos. La realidad es que entre los 20 y 34 años se produce la mayor tasa.

Otra de las ideas erróneas, es que las mujeres que abortan están solas, sin pareja estable, sin embargo, el mayor porcentaje se encuentra entre las que conviven en pareja.

Todos estos datos y más se pueden comprobar en el siguiente enlace a la información del INE (Instituto Nacional de Estadística).

Enlace a los datos del INE 2016 sobre interrupción voluntaria del embarazo.

Camino de la autodestrucción

En la actualidad, la familia ya no es un valor en alza. Tampoco la natalidad. En general, la publicidad nos vende un modelo femenino sin cargas familiares, donde la mujer triunfadora es aquella que ha prosperado en su trabajo, libre y con un cuerpo 10.

La repercusión de esto es nefasta para el bien común. Solo las mujeres poseen el privilegio de dar la vida, su cuerpo está diseñado prodigiosamente para la maternidad. Conseguir la plena conciliación laboral y familiar debe ser una prioridad, la solución no es abolir la maternidad, sino apoyarla. No conozco ningún hombre que tema perder su trabajo por que vaya a ser padre. Pero ese temor acontece con frecuencia en las mujeres, con el resultado de una mayor cifra de abortos entre las que trabajan por cuenta ajena.

La mayoría de las mujeres eligen posponer su maternidad, lo que se traduce en un menor número de nacimientos. Algunas incluso deciden voluntariamente no ser madres nunca. Personalmente, lo considero una decisión muy equivocada, no saben lo que se pierden. Soy madre (y trabajadora) y puedo decir por experiencia propia, que el momento en que das a luz y colocan a tu hijo en tus brazos, es el más maravilloso que se puede vivir. Cualquier triunfo personal o profesional queda eclipsado ante el milagro de una nueva vida nacida de tu vientre, brota un amor inmenso e incondicional, que durará para siempre.

Las consecuencias:

Las consecuencias de la baja natalidad en España, a medio y largo plazo, son evidentes. Cuando los nacidos en los años 60-70, durante el baby boom, alcancen la edad de jubilación, no podrán cobrar la pensión para la que ahora están cotizando, será matemáticamente imposible. Un reducido número de cotizantes no podrá sostener a una gran masa de ancianos.

¿Quien sabe?, puede que para entonces solucionen el problema legalizando la eutanasia para los mayores de 80 (será un asunto de “interés general”). O quizás los ancianos puedan pedir limosna a las clínicas abortivas que se enriquecieron ayudando a reducir la natalidad. O puede que el colectivo Femen, con o sin sostén, reparta productos de primera necesidad.

Quien seguro estará ahí para ayudar a los desamparados será Cáritas, institución dependiente de la Iglesia y financiada con los donativos de los católicos. Cáritas, sí trabaja por el bien común.

La Iglesia católica es como una madre. Te dice las cosas “por tu bien”, aunque a ti te parezca fastidiosa y antigua. Con el tiempo comprobarás cuanta razón tenía tu madre.
Este es el compendio de la doctrina social de la iglesia, donde se recogen las directrices para evolucionar hacia el bien común:

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