La homilía perfecta

La homilía perfecta, ¿Qué es una homilía?

La homilía, también llamada familiarmente “sermón”, es la aclaración, interpretación y esclarecimiento del Evangelio y demás lecturas de la misa. Su cometido es hacer entender a la asamblea el sentido de la Palabra leída y su aplicación en la vida y circunstancias actuales. La homilía es una catequesis diaria en la que los fieles pueden obtener mucha formación teórica y crecimiento espiritual, siempre y cuando escuchen con atención.

¿Cómo se deben comportar los feligreses durante la homilía?

Escuchando con atención, por supuesto, al igual que durante el resto de la misa. Oído abierto y neuronas receptivas, como si tuviesen que tomar apuntes para un examen, interiorizando lo que escuchan, captando los mensajes que el Espíritu Santo les envía a través de esas palabras.

Lamentablemente, es bastante habitual que algunos asistentes a la misa aprovechen la homilía para hablar de sus cosas. Reproduzco a continuación un ejemplo de lo que trato de explicar:.

Un ejemplo de mal comportamiento:

Tras la lectura del Evangelio nos sentamos, el sacerdote comienza la homilía,…..una señora del banco de atrás, aprovechando que está sentada y el cura habla, (y con ello cree que su parloteo pasará inadvertido), decide unilateralmente que es el  momento idóneo para contarle a su compañera de banco que ha comprado 2 kg. de naranjas por un euro,…o que la hija de la Paquita se ha quedado embarazada,…..o que el Ayuntamiento ha a subido las contribuciones. Con un poco de suerte, su vecina no le hará caso. ¡Pero la suerte es tan esquiva!, que lo normal es que inicien un dialogo que perfectamente podría posponerse hasta la salida de la iglesia. – ¿a un euro?, pues ayer estaban más caras…….¿qué Paquita?, ¿la hija mayor o la pequeña?…….el recibo de la luz también ha subido, y el butano, ¡ay, Señor, no se donde vamos a llegar!

Total, que mientras el sacerdote se esmera en su labor, las buenas señoras no se han enterado de nada, y los que estamos cerca, de muy poquito, solo palabras sueltas (me refiero a la homilía claro), porque el asunto de la hija de la Paquita, las naranjas y IPC lo sabemos de cabo a rabo.

A veces, la paciencia se agota esperando inutilmente un silencio que no llega, y pasas a la acción lanzando una mirada asesina hacia el banco de atrás para pronunciar un “chssssssss…” contundente, que provoca una descarga de la propia ira, ante la atónita mirada de las cotorras que susurran indignadas: ¡qué maleducada…!. Y al fin, se callan….¡o no se callan!, que las hay perseverantes. Si este es el caso, mejor cambiar de banco antes de sufrir una enajenación mental.

Resumiendo: Si vas a misa, escucha y deja escuchar a los demás, por educación y respeto a Dios y al prójimo.

¿Cómo debe hacer la homilía el sacerdote?

Obviamente, si el cometido de la homilía es explicar el Evangelio, no debe ser más complicada de entender que el propio Evangelio. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo leer, que escuchar. Una frase larga y rebuscada en un texto la podemos releer para comprender mejor, pero cuando se trata solo del oído, nos puede sonar muy bonita, pero no entender en absoluto lo que significa, como si escuchamos una canción en otro idioma.

Las homilías deben ser como las minifaldas, frases cortas y que enseñen mucho.

A continuación, un ejemplo de homilía preciosa, pero difícil de asimilar, sobre todo pronunciada a velocidad estandar:

Extracto de una homilía incomoda de asimilar

En la parábola del buen samaritano Cristo nos exhorta a mirar con ojos compasivos y misericordiosos el sufrimiento que acontece en el prójimo, que necesitado de una mano amiga donde apoyarse, nos suplica volver nuestro rostro hacia ese sufrimiento y actuar en consecuencia. Ciertamente, en el devenir de nuestra existencia se suceden momentos en los que se hace imperioso como cristianos una respuesta caritativa para el otro, una compasión exigida a todo aquel que manifieste su amor a Cristo ante el mundo, traduciéndolo en obras y no quedándose en meras y vacuas palabras….”

Si alguien preguntase a la salida,- ¿qué tal la homilía?-, responderíamos – Preciosa, preciosa – ¿y qué ha dicho?-, …-Pues..sufrimiento…compasión…no se, pero sonaba muy bonita-.

Hay que tener en cuenta que una parte importante de los feligreses, tienen un nivel académico modesto, más cerca del analfabetismo que del graduado escolar. Por tanto, no se les puede explicar algo como si fuesen eruditos. Existe una frase muy sabia que dice: “Explica para los tontos, y así lo entendemos todos”. Por este motivo, la misma parábola podría explicarse así:

Extracto de una homilía fácil de entender

“¿Qué hace el buen samaritano?, ve alguien necesitado de ayuda y se detiene a ayudarlo. ¿Qué hacen los demás?, pasar de largo. Pues Cristo nos pide que seamos como el buen samaritano y ayudemos a quien necesita ser ayudado.”

De esta forma, el mensaje es claro y fácil de asimilar para cualquiera. Si además el sacerdote sabe darle el énfasis y la entonación adecuados, será una homilía perfecta.

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